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ERGOSFERA

CHIRINGOplaza

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Entre el viernes 19 y el sábado 20 se llevó a cabo una intervención experimental y colectiva, convocada por Proxecto Zero, la RDS [Rede de Dereitos Sociais] y ergosfera, en un espacio urbano situado en el Paseo del Alcalde Francisco Vázquez Vázquez.

El lugar “intervenido” es una parcela que el urbanismo de la ciudad lleva más de 20 años considerando una zona deportiva o un espacio libre, pero que en la actualidad es un espacio sin “urbanizar” rodeado por un muro, un desnivel y dos grandes vallas publicitarias, pero perfectamente accesible desde la calle. Un lugar cuya propiedad no está clara [una cualidad de lo vacío y lo periférico], aunque el dueño de la vivienda que ocupa una parte de la parcela catastral estaba informado y encantado con la intervención.

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De lo que se trataba era de la construcción experimental de un lugar que, como por ahora no ha entrado en el juego de la “urbanización” convencional, posee unas cualidades plenamente identificables con lo que sería un espacio periférico de manual: condición legal ambigua, estado de “abandono” administrativo, síntomas de degradación material, tangencialidad a una “importante” [en escala...] infraestructura viaria, presencia de ruinas y grandes equipamientos, colonización por las grandes estructuras publicitarias, etc.

Estamos hablando de un espacio que, aunque no está gestionado por la administración local más allá de los planos urbanísticos, y aunque parece que sólo era una zona donde se acumulaban escombros, “degradación” y vallas publicitarias, en realidad sí está habitado y tiene un nombre propio: el chiringo. Sus habitantes cotidianos son un grupo de niños que utilizan las inmediaciones del lugar para construir sus “cabañas”, almacenar madera para las hogueras de San Juan, o simplemente para dar toques al balón, jugar con las bicis o fumarse unos pitillos en un espacio del que se sienten de algún modo responsables.

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Aunque los ciudadanos hayamos renunciado a jugar a modificar el espacio más allá de los 14 años o de contadas ocasiones festivas, no entendemos pertinente la eliminación de esta no-residual posibilidad. Y esto nos habla del traspaso de algunas de las “centralidades” de lo urbano hacia lo periférico. Hacia lo que aún puede pensarse en términos de manipulación cotidiana -aquello que implican las instituciones sociales no reconocidas como “culturales”, y que en este caso representarían los usos practicados actualmente por este grupo de niños-, o de vacío ¿residual? -aquello que queda fuera del interés del mercado y de las administraciones públicas y que conlleva la posibilidad de comenzar de nuevo, que en este caso sería el interés de los ciudadanos que participamos en la intervención-.

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La acción se pensó entonces como “algo” que por sus propias condiciones de “precariedad” y “cercanía” se iría completando con las distorsiones que sobre esta intervención primaria se fueran superponiendo con el paso del tiempo. Sin embargo, esta primera fase no pudo concluirse como estaba previsto, debido a la intervención de la Policía Local que, tras la alarma de un ciudadano que sospechaba que se trataba de una construcción residencial ilegal, nos recordó las máximas de las leyes generalizantes con las que convivimos en la ciudad, y que suelen acabar con un incontestable: todo esto está muy bien, pero… ¿y si todo el mundo hiciera lo mismo? Tras unas cuantas fotos para inmortalizar el estado de la obra en ese momento, nos informaron sobre las consecuencias administrativas de continuar con nuestras actividades, lo que canceló varias de las intervenciones que aún no se habían concluido.

La cuestión es que no se trataba de una llamada de atención al Ayuntamiento para que urbanice inmediatamente este espacio como sugerían los policías. No tendría porque haber otro “fin” detrás de esta intervención. De lo que se trataba era de poder territorializar partes de la ciudad aunque no seamos promotores inmobiliarios; únicamente por nuestra condición de ciudadanos que queremos dedicar parte de nuestro tiempo a construir personalmente los espacios públicos de nuestras ciudades. De reconocer la importancia de los llamados vacíos como espacios donde poder experimentar otras formas de construcción de lo público perfectamente compatibles con las también necesarias intervenciones de las administraciones locales, pero basadas en parámetros más cercanos a lo ambiguo, lo precario o lo usado, que a la normalidad del espacio público “municipal”.

[ + fotografías en Flickr ]

3 comentarios

3 comentarios

  1. david a. lareo July 1st, 2009 11:58

    una máquina de diversión como la furgo de manu hauser bien podría servir como soporte para organizar (R)eventos (tipo Urban Churraskew) en diversos espacios actualmente insertados en el vector suciedad->regeneración urbana.
    felicidades por la iniciativa.

  2. iago July 2nd, 2009 13:23

    Buenas David, me gusta mucho eso del vector “suciedad -> regeneración urbana”. Ese es precisamente el concepto que entendemos que hay que ampliar hacia todos los lados, haciendo que estos dos polos -ni si quiera excluyentes entre sí…- no se conviertan en las únicas posibilidades para lo público, sino que se multipliquen las gradaciones de “publicidad”, acceso, manipulación, precariedad, urbanización, etc. para permitir y fomentar todo tipo de “emergencias” sociales.

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