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ERGOSFERA

XORNADA DE HOMENAXE E REIVINDICACIÓN DO BARRIO DAS ATOCHAS

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> El polígono Q18, documentado en la Revisión del Plan General de Ordenación Municipal de A Coruña, propone la destrucción de una gran cantidad de viviendas y de un centro social okupado en la zona de As Atochas.

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> Los criterios “racionalistas” en los que se basa esta intervención se concretan en: 1) reordenar la trama viaria de forma que se garantice la completa accesibilidad de la zona y se consiga el efecto de “orden” que nos proporcionan las alineaciones de la edificación, 2) generar un nuevo espacio libre como forma de “esponjamiento” de una zona considerada excesivamente densificada, y 3) promover la construcción de nuevas viviendas.

> Este tipo de actuaciones, que minusvaloran las cualidades reales de las tramas urbanas menos ortodoxas, se vienen produciendo desde hace siglos, auspiciadas por teorías urbanísticas poco ambiciosas y sensiblemente vinculadas, tanto a los mecanismos de control social gubernamentales, como a las derivas especuladoras que promueve el entramado del sector de la construcción [entidades financieras, promotores inmobiliarios, propietarios del suelo, especuladores “de a pié”, etc.].

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> Una propuesta urbanística realmente ambiciosa para una zona como esta no olvidaría:

1) La existencia de varios nodos sociales de gran actividad en la zona [CS Atreu!, CS Gomes Gaioso, etc.], llegando a estar uno de ellos [el LSO Casa das Atochas] completamente dentro de la zona de intervención.
Cualquier arquitecto-urbanista con cierto interés en su trabajo debería asumir la relevancia de la participación [y sobre todo de la iniciativa] ciudadana en los desarrollos urbanísticos. Y más en el caso que nos ocupa, una zona donde se concentran espacios sociales vinculados a la actividad política y cultural autónoma de forma enérgicamente trascendente. Que esto no haya sido tenido en cuenta se debe a que las administraciones públicas y los gabinetes técnicos vinculados al urbanismo no reconocen la relevancia de la producción social autónoma. Y esto puede ser: a) porque se han alejado por completo de la realidad ciudadana para funcionar como gestores de lo abstracto, y en este papel se sienten más cómodos, b) porque los procesos de participación social requieren evidentemente más tiempo y organización, cuestión que las presiones del mercado inmobiliario no permitirían, c) porque en realidad se sospecha la vinculación de esta clase de tramas urbanas con los procesos sociales incontrolables, y es esto precisamente lo que se quiere evitar, o d) porque la falta de preparación que producen las escuelas de arquitectura no ha permitido que los técnicos encargados de redactar el proyecto entiendan esta clase de lugares como espacios proclives a la experimentación con los “otros” parámetros urbanísticos [la introducción de nuevos mecanismos de gestión y construcción de lo público, la ampliación de las posibilidades de expresión ciudadana, la investigación sobre las formas de “producción” cultural autónomas y sus consecuencias para el espacio público, etc.].

2) La “contemporaneidad” que representa la complejidad de la trama urbana existente.
Las tramas urbanas complejas siempre han proporcionado los espacios para el cambio, la creatividad y la experimentación en múltiples planos de lo social. Además, ninguno de los condicionantes en los que se suelen basar este tipo de “limpiezas” urbanísticas se da en la zona de As Atochas [delincuencia descontrolada, estado de completo abandono y desuso, falta de interés arquitectónico de lo edificado, etc.]. La búsqueda desmedida de la racionalidad en cuanto al trazado y cumplimiento de las alineaciones produce un tipo de espacio urbano determinado, que ya conocemos, y que no es desde luego la única posibilidad para alcanzar los ideales de “progreso” y “modernidad” en los que se basa esta actuación; por lo que entendemos que el “olvido” de las cualidades urbanísticas de As Atochas es un “problema” de vagancia, de carencia de interés, de falta de tiempo de dedicación o de simple ineptitud. Por otro lado, la construcción de un nuevo espacio público que libere algo de suelo en una zona de gran densidad edificatoria tampoco justifica en sí misma la operación. En la actualidad ya existen otros espacios públicos en la zona que han sido “cedidos” al vehículo privado, así como varios solares vacíos y tapiados, algunos en posiciones “estratégicas”, que sí se podrían recuperar. Y además, como decíamos, en la propia zona de actuación ya se han autogenerado nuevos espacios públicos [LSO Casa das Atochas] que ponen de manifiesto las “otras” posibilidades para estos pretendidos “vacíos”.

Por todo esto, entendemos que se debería paralizar este proyecto-destrucción, convocar a los vecinos e instituciones sociales que habitan el barrio de As Atochas, y comenzar a trabajar en un proyecto de urbanización que simplemente sea capaz de aumentar las múltiples posibilidades de la zona, sin hacerla perder ni una sola de sus cualidades socioculturales, y manteniendo una actitud abierta hacia los cambios [estratégicos, formales, materiales, etc.] que se introducirían en un hipotético proyecto que tuviera en cuenta procesos políticos y vitales alejados de la cómoda ortodoxia en la que nos movemos como arquitectos.

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