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MOITAS GRAFÍAS. COMUNICAR ARQUITECTURA HOXE / Ciclo de conferencias / ETSAC / 23, 24 y 30 de octubre (13:30-15:00)

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pLanificate / TANKOLLECTIF + CURTOPÍA + ALG-A + MEGALOPORTRAIT / Vigo – Octubre 2012

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Arquitectura Viva / Arquitectura Muerta

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Una sensación profundamente extraña. Eso es lo que queda tras ver el nuevo número de la revista Arquitectura Viva dedicado a los “colectivos españoles”. Extraña, aunque muy cercana al sentimiento de derrota inesperada o, más bien, a la simple sospecha de que si estamos ahí es porque nuestro trabajo tiende a significar nada.

El cabreo que pillamos tras comprobar que nuestro mini-texto de presentación había sido modificado (pareciendo aún más absurdo que el original…), en realidad, era sólo una vía de escape para esa decepcionante sensación de vernos caricaturizados (junto a parte del resto de la generación perdida) bailando al son de Luis Fernández-Galiano, director del cotarro, y que ya en la editorial nos sitúa como una divertida y bienintencionada repetición de una fase vital más o menos genérica, pero que, por supuesto, él y su generación abandonaron ya en su momento por su incapacidad para compartir cartel con la racionalidad y las necesidades del occidente acomodado.

Así pues, tras la rápida ilusión de ver nuestro trabajo reflejado, aunque sea de forma testimonial, en un medio cultureta de primera división, la sensacion post-parto es francamente inquietante: ¿Qué significa que una revista conservadora dedique un número a un tema en el que cabemos junto a muchos de los grupos con los que nos identificamos? ¿Es, como se intenta reflejar, la constatación de un cambio imparable que un medio generalista ha sabido detectar y que, consecuentemente, incluye en el campo de lo posible? ¿O quiere decir, por el contrario, que de alguna forma nuestro trabajo se ha estabilizado y ya no representa ninguna posibilidad ilusionante para el porvenir?

Así de primeras, y con el mal cuerpo aún presente, algunas de las cuestiones que nos preocupan son:

1.- Por una parte, lo incómodo que resulta pensar en la importancia de los que no están, ya que muchas de las personas, colectivos o lo que sean, que más valoramos por lo críticos e inspiradores que se han mantenido hasta la fecha (como Recetas Urbanas, Hackitectura, Todo por la praxis, Straddle3, Arquitecturas Colectivas, n+1, pescadería20, La Ciudad Viva o Democracia) no aparecen en el “diccionario de colectivos” elaborado por la revista.

Y aunque éste no se planteara en ningún momento como un compendio absoluto, e incluso contara con nuestras sugerencias para conformar la lista (nosotros mismos podríamos haber mencionado todos estos nombres y no lo hicimos), por el motivo que sea los que se han quedado fuera son quizás los que mantienen un posicionamiento más abiertamente crítico con los sistemas de construcción del mundo dominantes en los foros de debate “cultural”, es decir, con la arquitectura de los arquitectos desvinculados por decreto divino de los procesos edificatorios asociados a la burbuja inmobiliaria, pero que funcionaron (como explica perfectamente Observer en “El príncipe arquitecto y la rana inmobiliaria”) como agentes ultranecesarios para su existencia, mientras eran sostenidos y representados en la esfera pública, por ejemplo, por revistas como Arquitectura Viva (basadas en la exaltación de las castas arquitectónicas ilustradas, el buenrrollismo neutral y confidente con el que paga, las infografías tipo Show de Truman con gente muerta de felicidad, o las fotos orgullosas de mostrar edificios sin personas como acompañamiento a textos aburridísimos que siempre pasaban por alto las causas y consecuencias de aquello que se pretendía analizar).

Un discurso que, por cierto, aún tiene una gran vigencia, sobre todo en el circuito Universidad – Medios de comunicación, y que se manifiesta de forma cada vez más delirante y bochornosa: por poner un ejemplo cercano y de actualidad, la ETSAC organiza esta semana las conferencias “La vivienda del Arquitecto en el borde del mar” (con Manuel Gallego, Arturo Franco Taboada y Iago Seara como maestros speakers), un tema de incalculable interés para el presente y que casi parece planteado como una performance didáctica sobre la pluralidad que permite la libertad de expresión. Sobre todo, si tenemos en cuenta que mientras sucede esto, a Joaquín Torres, el perfecto chivo expiatorio del sistema cultureta -y al que toda una generación de arquitectuchis le debe unas copas por fingir ser el malo de la película y sostener así su papel de buenos-) no se le invita ni a escribir en Arquitectura Viva ni a dar una conferencia en la ETSAC. Que alguien llame al camión.

Volviendo al asunto, sinceramente, no creemos que haya habido ninguna intencionalidad en esta selección, pero tampoco que se trate de una simple casualidad… Y estar en un sitio donde no aparecen representados muchos de los trabajos que más valoramos y nos han influido es una cuestión que nos hace dudar.

2.- Por otra parte, también resulta destacable lo que no está en la revista, que, desde una perspectiva más o menos “utilitaria” (que no tendría porque coincidir con los objetivos editoriales), serían el análisis de nuestros problemas y la representación de nuestras críticas directas hacia el común devenir de la profesión o hacia las formas de construcción de la ciudad, ambas cuestiones a las que quizás sí le vendría bien la cualidad mediática de la revista.

En este sentido, aunque la mayoría de los colectivos representados plantean en sus textos muchos de los intereses y posicionamientos críticos que compartimos (tanto respecto a las formas de trabajo, como a las ideas sobre los fenómenos urbanos o a la condición de ciudadanía), en general, y quizás por las perspectivas que manejan los artículos y la editorial que acompañan al “diccionario”, no se desprende ninguna sensación clara, ni de crítica hacia lo que hay, ni de preocupación por las limitaciones que encontramos en el día a día.

Y no se trata para nada de hablar sobre “la crisis” o de plantear la cuestión en términos de simplonas acusaciones intergeneracionales (como la empanada que se cocinó hace unos días Manuel Ocaña…), pero sí de enfocar nuestro trabajo con menos remilgos autocomplacientes y relatos neutralizadores (nosotros los primeros). Aunque sean cuestiones mencionadas, en ningún momento se profundiza en los problemas que nos afectan (como las dificultades a la hora de viabilizar la precariedad estructural pasado un tiempo determinado, o de canalizar los impulsos ciudadanos sin remitirnos a lo festivo como argumento principal), ni en las críticas radicales a los sistemas laborales dominantes en la profesión que, en realidad, conllevan cada una de nuestras decisiones organizativas.

Y aquí quizás entra de lleno la cuestión del medio de comunicación. Aunque lo hayamos intentado, ni los textos propios de los colectivos, ni desde luego los dos artículos que acompañan al “diccionario”, consiguen en conjunto eliminar el aura neutralizadora que impone el medio donde se inscriben. Cerramos la revista conociendo a una decena más de compis, autoafirmando los lugares comunes y poco más. Quizás más agradable en teoría, pero nada muy diferente respecto a los números dedicados a los Moneos o Fosters de turno.

3.- Y por último, tampoco es muy relajante pensar en quién dirige el asunto.

La imagen que acompaña a este post es la presentación de la exposición comisariada por Galiano para la Bienal de Venecia de este año. Un esperpento para publicitar “los méritos y logros de la arquitectura española reciente”, protagonizado por los de siempre (en este caso, Paredes-Pedrosa, Nieto-Sobejano, RCR, Mangado y Mansilla-Tuñón), pero aderezado esta vez con la compañía de decenas de estudiantes, ridiculizados a lo Guantánamo Bay, con la misión de explicarle a los visitantes las maravillosas maquetas de la arquitectura-de-la-buena made in spain, mientras, a modo persona-orquesta, hacen patente performativamente “el estado deplorable en el que se encuentra la profesión”.

Una imagen, contemporánea al nuevo número de Arquitectura Viva, que da bastante que pensar sobre las intenciones editoriales de la revista. Básicamente, porque en esta clase de composiones bizarras en las que se mueve Galiano, la verdad es que no nos gusta ningún papel: ni el de estudiante exclavizado-pero-disfrazado-de-exclavo a ver si cuela como metáfora, ni el de “crítico” satisfecho y ya sin motivos ni ganas de mojarse, ni el de arquitectuchi aburrido que nunca se pregunta porque está siempre ahí, ni el de pánfilo periodista que va a publicar directamente la nota de prensa repartida en el evento.

Volviendo a la revista (sobre el tema Bienal, queda todo claro con los análisis de n+1 al respecto: aquí, aquí y aquí), la editorial de Galiano no deja lugar a dudas: hemos venido a animar la fiesta en sus horas de bajón, y con un poco de suerte podemos acabar con nuestro culo decidiendo qué cantamañanas van a ir esta vez a Venecia y, sobre todo, cómo decoramos el asunto para parecer preocupadísimos por cada presente que se tercie.

En fin, aunque todo esto pueden ser cosas de pijos periféricos (quizás a los de provincias aún nos quedan grandes los saraos de la capital), la sospecha de que los 48 grupos representados estamos paralizándonos hasta el punto de poder ser capturados por la foto, está presente desde que cerramos la revista. Lo que no pudo “la crisis”, lo puede conseguir nuestra propia autorepresentación como parte de la arquitectura muerta. Aún hay mucho que inventar para no darle la razón a Galiano.

* A pesar de este ladrillo, no podemos más que agradecer a Lys Villalba el cariño dispensado en el trato durante estos meses.

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